miércoles, 9 de mayo de 2012

TEMA 7

TEMA 7 Los nuevos enfoques de la literatura en el siglo XX y las transformaciones de los géneros literarios


TEMA 7. Los nuevos enfoques de la literatura en el siglo XX y las transformaciones de los géneros literarios.
— La crisis del pensamiento decimonónico y la cultura de fin de siglo. La quiebra del orden europeo: La crisis de 1914. Las innovaciones filosóficas, científicas y técnicas y su influencia en la creación literaria.
— La consolidación de una nueva forma de escribir en la novela.
-- Las Vanguardias europeas. El Surrealismo.
— La culminación de la gran literatura americana. La generación perdida.
— El teatro del absurdo y el teatro de compromiso


La crisis del pensamiento decimonónico y la cultura de fin de siglo. La quiebra del orden europeo: La crisis de 1914. Las innovaciones filosóficas, científicas y técnicas y su influencia en la creación literaria.
En el campo cultural, el cambio entre los siglos XIX y XX está marcado por la angustia de artistas e intelectuales que consideran fracasados los intentos de reforma de la vida humana iniciados desde la segunda mitad del siglo XVIII. Tras el optimismo ilustrado, la crisis del individuo que no puede afirmarse plenamente en el modelo social traído por el desarrollo industrial y el ascenso de la burguesía va ganando terreno, a lo largo del siglo XIX, hasta que explota en sus últimos años. Durante el siglo XX, esa angustia motiva que los escritores adopten diferentes actitudes:

· La expresión de la angustia existencial y religiosa.
· El intento de cambiar el mundo mediante escritos de protesta social y política.
· La búsqueda en la religión y en Dios de la clave que dé sentido al sufrimiento humano.
· El olvido de la problemática social y existencial mediante el escapismo y el esteticismo.

Las razones de esta crisis se deben a tres cuestiones principales: la incertidumbre científica, la amenaza tecnológica y la crisis del pensamiento filosófico dominante en la segunda mitad del siglo XIX.
LA INCERTIDUMBRE CIENTÍFICA
Durante los primeros treinta años del siglo XX se producen unos descubrimientos que acaban con lo que durante la segunda mitad del siglo XIX se consideraban bases científicas inamovibles, entre ellas la idea de que el conocimiento científico es capaz de dar una explicación cierta del funcionamiento del universo. La ciencia en el siglo XX se encuentra en un estado de incertidumbre total, ya que la realidad (el mundo, el universo), que es su objeto de estudio, es cambiante, compleja y difícil de explicar racionalmente. Dicha incertidumbre lleva al matemático francés Henri Poincaré a afirmar que ya no se puede decir si una teoría es verdadera o falsa; solo se puede saber si es útil.
LA AMENAZA TECNOLÓGICA
El progreso técnico se dispara en el siglo XX hasta el punto de transformar radicalmente nuestro mundo en materia de transportes y comunicaciones, medicina, nuevos materiales, bienestar social, etc. Sin embargo, el imparable progreso técnico ha facilitado la aparición de nuevas amenazas para la humanidad: la carrera nuclear, la contaminación, el calentamiento global, las nuevas formas de hacer la guerra, la sociedad ultracapitalista, la manipulación genética y tantas otras.
Los nuevos miedos de orden tecnológico se han unido a los tradicionales de índole religiosa, existencial o social. En literatura, la angustia tecnológica es determinante en el desarrollo de la ciencia-ficción, género en el que es habitual encontrar la insatisfacción humana como consecuencia del mal uso de las tecnologías. En este planteamiento temático, tres novelas han sido claves:
Un mundo feliz (1932), de Aldous Huxley, muestra una sociedad futura en la que la manipulación genética ha sustituido a la procreación natural.
1984 (1949), de George Orwell, presenta un mundo dominado por el Gran Hermano que vigila y domina a los ciudadanos desde los medios de comunicación.
Farenheit 451 (1953), de Ray Bradbury, ambientada en una sociedad futura donde la palabra escrita está prohibida.
LA CRISIS DEL PENSAMIENTO FILOSÓFICO
Durante la segunda mitad del siglo XIX, la filosofía europea estuvo dominada por el Positivismo de Augusto Comte, al que ya nos hemos referido en la Unidad anterior. Sin embargo, en los últimos años del siglo, el pensamiento europeo parece darse cuenta de que la razón no puede explicar la complejidad de la realidad en su totalidad y por ello se buscan algunos nuevos enfoques para comprenderla.
La primera reacción contra el Positivismo se produce en el propio siglo XIX de manos de los filósofos irracionalistas: Schopenhauer, Nietzsche y Kierkegaard. Las coincidencias entre su pensamiento pueden resumirse en dos caracteres:
El objeto de la Filosofía es explicar la vida humana.La razón no es útil para la explicación de la existencia humana, porque esta se mueve por impulsos irracionales. ¿Cómo explicar racionalmente el amor, el miedo o la angustia de vivir?
Vinculadas más o menos a las posiciones irracionalistas, nacen tres de las escuelas de pensamiento que más van a influir sobre la literatura del siglo XX —Existencialismo, Psicoanálisis y Marxismo— y que comentamos siguiendo el orden cronológico en que se produjo esa influencia.
El Existencialismo, cuyos máximos representantes son M. Heidegger y J. P. Sartre, se caracteriza por una idea central: el hombre es un ser para la muerte, en la medida en que ser hombre significa estar abocado a la muerte. Es la llamada condición temporal del ser humano, y el hecho de asumirla es una de las razones de la angustia existencial que tanto se encuentra en la literatura del nuevo siglo.
La aparición del Psicoanálisis se debe al austríaco Sigmund Freud, cuyo objetivo es analizar los impulsos irracionales que gobiernan la vida humana. Según este autor, el hombre está orientado hacia la búsqueda del placer; pero ese deseo choca habitualmente con la sociedad y la moral, y acaba siendo reprimido y sepultado en el subconsciente. Este hecho provoca la frustración que lleva a los seres humanos a la angustia.
Aunque el Marxismo como teoría aparece a mediados del siglo XIX con Karl Marx y Frederich Engels, es en el siglo XX cuando se desarrollan sus manifestaciones más importantes, tanto en la práctica como en la teoría, de manos de Lenin, Trotski, Gramsci o Mao Tse Tung. Estas ideas no pretenden constituir una simple teoría filosófica, sino una concepción total del mundo y de su historia, que podemos intentar simplificar en los siguientes conceptos:
El marxismo tan solo considera la existencia de la materia y del trabajo del hombre por dominarla, a cuya relación llama modo de producción.
La historia es considerada un proceso que avanza de un modo de producción a otro mediante saltos revolucionarios en los que se destruye el sistema anterior y se implanta uno nuevo.
A lo largo de la historia, los distintos modos de producción se han basado en la propiedad privada, la responsable de que las sociedades se dividan en dos clases: los poseedores y los desheredados.
Puede llegarse a un nuevo modo de producción, la sociedad comunista, mediante un proceso revolucionario en el que se enfrenten las clases sociales. En ese nuevo modelo social se habrá eliminado la propiedad privada, evitando así las diferencias entre seres humanos.
Analizando el discurrir de la historia, el marxismo viene a afirmar que la infelicidad y la angustia del ser humano tienen causas históricas y sociales. Ante este hecho, Marx propone, más que una teoría, una práctica política: «Los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo de diversos modos; pero de lo que se trata ahora es de transformarlo». Muchos escritores del siglo XX considerarán que también sus capacidades literarias deben estar al servicio de la transformación social y se harán eco de los planteamientos marxistas para conseguirlo.

TEMAS RECURRENTES

El tema dominante de la literatura del siglo XX es la angustia. Ese sentimiento cristaliza en un conjunto de motivos y temas más concretos que recorren todo el siglo: el conflicto existencial, el religioso, el social y la propia literatura como objeto de análisis.

El conflicto existencial
Los precedentes inmediatos del tema se encuentran en la filosofía irracionalista de la segunda mitad del siglo XIX y en ciertas obras de esa época —el arte realista acabó derivando hacia la preocupación por el sentido de la vida en autores como Dostoievski, Conrad o Ibsen—. El tema existencial presenta dos perspectivas en la literatura del período que estudiamos:
Se considera que la vida humana es un sinsentido y un absurdo, ya que el ser humano está abocado a la muerte y el olvido y nada puede evitarlo. Este planteamiento se encuentra en autores como Pirandello, Kafka o Ionesco.
Pese al absurdo de la existencia, el hombre aspira a mantener su dignidad y justificar su vida mediante la acción o el sacrificio por sus semejantes. Así aparece en la obra de Hesse, Malraux o Albert Camus.
El conflicto religioso
Muy relacionada con el anterior está la reflexión sobre la fe religiosa. Aunque la idea de Dios se había venido cuestionando desde el siglo XVIII, es en el siglo XX, sin embargo, cuando la literatura aborda la cuestión de manera más abierta. En esta época se advierten tres posiciones bien diferentes:
El ateísmo y agnosticismo, que niega a Dios porque racionalmente es imposible la fe, aparece en la obra de André Gide.
La creencia en que Dios es lo único que dota de sentido la existencia humana, ya que sin él vivir sería absurdo e inútil. Esta postura es defendida por Papini, Chesterton o Paul Claudel.
El cristianismo trágico refleja el drama personal de quien se debate entre una razón que impide la fe y convierte la vida humana en algo inútil y sin sentido, y el deseo de creer en Dios, para poder encontrar un consuelo al sufrimiento humano. Esta lucha entre razón y necesidad vital domina en la obra de Unamuno, Bernanos y Graham Greene.
El conflicto social
El siglo XX ha sido muy conflictivo desde el punto de vista social y político: grandes guerras, revoluciones, insatisfacción, lucha contra la opresión política, económica o militar, desigualdades sociales y nacionales. Como es lógico, la literatura no ha cerrado los ojos a estos problemas y un gran número de escritores han querido usar sus palabras como armas útiles para denunciar la injusticia y cambiar el mundo existente por otro mejor.
El conflicto literario
Ante un panorama dominado por la angustia religiosa, existencial o social, muchos escritores volvieron sus ojos a aquello que mejor dominaban, la capacidad de creación artística, y lo hicieron con distintos objetivos:
Para algunos, la reflexión sobre la propia literatura, que había ido ganando importancia a lo largo del siglo XIX, se ofrece como medio de escape de una realidad que les disgusta profundamente.
La creación es entendida, por otros autores, como un juego que persigue restar importancia a la seriedad que había llegado a dominar en la literatura oficial.
También se encuentran escritores para quienes la reflexión literaria es fruto de la necesidad de autoafirmación del artista, que necesita saber qué escribe, cómo lo hace, con qué finalidad y qué problemas técnicos debe resolver para justificar de esa manera su función en el mundo




LAS VANGUARDIAS.

Reciben el nombre de Vanguardias los movimientos estéticos que, en el primer tercio de siglo – despuntan inmediatamente antes de la Primera Guerra, llegan a su apogeo durante la década de los años 20, entran en crisis a partir de 1929 y desaparecerán en la década de los 30 -, intentaron abrir nuevos caminos al arte y la literatura, al margen de la tradición.
El término “vanguardia”, del francés avant-garde (en lo militar, primera línea de combate) ya informa sobre su actitud de riesgo, de exploración e innovación. Estos movimientos se suceden en Europa a un ritmo vertiginoso. No forman un sistema coherente y cerrado, pues son muy diversos y, a veces, contradictorios entre sí(es frecuente que alguno surja por e nfrentamiento con el anterior). Su rasgo en común se concreta en la voluntad de desarrollar un arte nuevo, así como su hostilidad hacia la tradición –incluso la más inmediata- y la negación de todo valor al pasado artístico. Los vanguardistas son provocadores: desprecian al gran público y a la burguesía, a la que buscan escandalizar con actitudes insolentes y agresivas. Afirman que la belleza no puede percibirse a través de la realidad y las emociones, sino de la inteligencia, por lo que se alejan de la naturaleza y del ser humano. Suelen darse a conocer mediante “manifiestos” en los atacan el arte oficial y exponen sus nuevas propuestas estéticas, que deben formar parte de un cambio más profundo de carácter social y moral.
En la literatura, los movimientos vanguardistas más relevantes son el Expresionismo, el Futurismo, el Cubismo, el Dadaísmo y el Surrealismo; a éstos habría que añadir en el ámbito hispánico, el Creacionismo y el Ultraísmo. Son los llamados “ismos”, los movimientos que propusieron innovaciones radicales de contenido, lenguaje y actitud vital.

Los rasgos generales para todas las vanguardias pueden resumirse
de esta manera:
1) Negación del pasado y ruptura con lo anterior. Este rechazo se muestra especialmente en el futurismo, en el cubismo y en el expresionismo. Conlleva, un deseo de crear algo nuevo de la nada (ésta es la base del creacionismo), y se sintetiza en la conocida frase de Gómez de la Serna: "El deber de lo nuevo es el principal deber de todo artista creador" ("Prólogo" a Ismos).
2) 2. Culto a la imagen, dado que lo de menos en esos instantes será el tema, poco importante en muchos casos, siendo lo relevante, por encima de otras cosas, "que el poema valga por sus elementos líricos" (G. de Torre)
. 3) Carácter "antirrealista", El "arte nuevo" se basaba en una visión diferente de la realidad. La rebeldía contra la razón ambicionó incluso cambiar la realidad y unir vida y arte, ya que, en palabras de Octavio Paz, las vanguardias no fueron únicamente una estética, sino también "una erótica, una política, una visión del mundo, una acción: un estilo de vida" (Los hijos del limo).
4) Internacionalismo que obedece no tanto a la existencia de focos de irradiación ajenos a París o a la presencia de gente de muy diversa procedencia en ellos, sino a un latido cosmopolita que buscaba, en la mayoría de los casos, romper ámbitos locales.
5) Existencia de una conciencia de grupo dentro de los distintos movimientos, manifestada en una común sensibilidad artística, en la tendencia a la institucionalización de los postulados en manifiestos, en la existencia de órganos de expresión comunes (revistas, exposiciones, reuniones, actividades, etc.)
6) Relación de dependencia entre distintas artes: la pintura invade la lírica, la música se traslada al verso, la letra llega a los cuadros, el pensamiento determina la plástica, etc. Se daba así un paulatino desvanecimiento de las barreras entre disciplinas y entre géneros, imponiéndose una nueva mirada para superarlas, puesto que los mismos principios eran válidos para la poesía, la pintura o la música.

Dentro de las vanguardias podemos destacar:

1. Futurismo
Nace en Italia con Marinetti que publica el primer manifiesto futurista, de carácter antirromántico:. exalta la ciudad, la mecánica, la técnica y la velocidad. También defiende la acción y la guerra.

2. Cubismo
Nace como escuela pictórica con Las señoritas de Aviñón de Picasso. En literatura hay que mencionar a Apollinaire con sus Caligramas, que son poemas en los que la disposición tipográfica de los versos forma imágenes visuales que aluden al contenido del poema.

3. Dadaísmo
Es el precedente del Surrealismo. Fue promovido por un grupo de escritores refugiados en Suiza en la Primera Guerra Mundial y fue encabezado por Tristan Tzara. Suge como consecuencia del desencanto de la Primera Guerra Mundial. Su nombre fue elegido al azar y simula un balbuceo infantil. El Dadaísmo es la provocación, la rebeldía pura

4. Creacionismo
pretendía crear objetos a través de la metáfora.

5. Expresionismo
Fue un movimiento artístico desarrollado en Alemania. En literatura se manifiesta en autores como Kafka y Brecht. Algunas de sus características son:
La obra de arte ya no representa la realidad objetiva, sino el sentimiento interior del artista, cuya tensión espiritual se convierte en desesperación. Se presentan así personas con crisis psicológicas o ideológicas. La belleza clásica se transforma en apología de lo feo.
6.Surrealismo
Es un movimiento vanguardista del siglo XX, cuya teoría la expuso Breton en su Manifiesto del Surrealismo. La traducción exacta de “surréalisme” es la de sobrerrealismo, una superación de la realidad más allá de lo objetivo y de lo que registra conscientemente la psique humana. Esta superrealidad nace de la interrelación entre sueño y realidad (con supremacía del primero).
Podemos mencionar algunas de sus características.
• Escritura automática como medio de expresar el funcionamiento real del pensamiento. Se trata de escribir sin la intervención reguladora de la razón y sin preocupaciones estéticas o morales, de ahí el carácter hermético de sus textos y, por otro lado, la discutible calidad estética de sus escritos.
• Con la escritura automática, tras entrar en una especie de trance, se deja aflorar el subconsciente y aparece otra realidad, la superrealidad. Aparecen así asociaciones inconscientes liberadas de toda restricción, inesperadas relaciones entre ideas y palabras, además de imágenes oníricas y visionarias.
• Se basa en las doctrinas de Freud, en las que la liberación anárquica del “yo” supone la liberación de las represiones sociales. Así el lenguaje surrealista lleva consigo una carga humana e incluso subversiva, en la medida en que libera pasiones reprimidas en el inconsciente. El lenguaje surrealista no se dirige a la razón sino que quiere despertar en nosotros reacciones inconscientes.
• Se aspira a una total renovación del espíritu, que debe verse libre de ataduras de religión, de razón y de convencionalismos sociales.

Dentro de los escritores surrealistas está Breton, que había leído a Freud y que quería llevar a la práctica sus experimentos sobre los límites de la conciencia y la expresión automática. En su obra se aprecia una evolución desde obras de escritura automática, como Poisson soluble, hasta obras de carácter seminovelesco y semibiográfico como Nadja.
También podemos destacar a Eluard y a Aragon, que colaboraron con Breton en la difusión del Surrealismo.

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